Febrero nos invita a hablar del corazón, ese músculo que late sin descanso desde la infancia, uno sano lo hace unas 100.000 veces al día y bombea alrededor de 7.500 litros de sangre, y necesita de toda nuestra atención para preservar su salud íntegra. Además de hábitos conscientes, los ácidos grasos del Omega-3 juegan un papel determinante y se posicionan como un aliado clave tanto para la salud cardiovascular como para la calidad de la piel.

Hábitos conscientes: pequeños gestos con gran impacto
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de mortalidad en España. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2024 provocaron cerca de 89.000 fallecimientos, situándose como primera causa entre los hombres y tercera entre las mujeres. El sedentarismo, el estrés crónico, la alimentación desequilibrada y el estilo de vida urbano aumentan el riesgo. La evidencia científica es clara: hasta un 80 % de las muertes prematuras podrían prevenirse con hábitos saludables sostenidos en el tiempo. No hablamos de cambios radicales, sino de decisiones diarias que construyen salud.
Entre los habituales, caminar al menos 30 minutos al día, priorizar las escaleras frente al ascensor, reducir el consumo de alcohol y tabaco, dormir bien y apostar por una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y grasas saludables contribuye a mejorar la presión arterial, regular los lípidos en sangre y reducir la inflamación sistémica.

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Para qué sirve el Omega-3; el corazón y la piel
Los Omega-3 son ácidos grasos poliinsaturados esenciales que el organismo no puede sintetizar por sí mismo. Su obtención depende de la alimentación o la suplementación. Su papel es amplio, ya que reducen los triglicéridos, modulan la inflamación crónica de bajo grado y contribuyen a la salud cognitiva y cardiovascular.
Entre ellos destacan:
- EPA (ácido eicosapentaenoico): potente acción antiinflamatoria y protectora cardiovascular.
- DHA (ácido docosahexaenoico): componente estructural del cerebro y la retina; más del 40 % de sus ácidos grasos pertenecen a este tipo.
A nivel de la dermis, su impacto también es relevante, al contribuir a reforzar la barrera lipídica epidérmica, favoreciendo la hidratación, reduciendo la reactividad cutánea y ayudando a proteger frente al fotoenvejecimiento y el estrés oxidativo. Su déficit suele reflejarse en una piel seca, apagada y puede ir acompañada de descamación.
La forma más eficiente de obtener EPA y DHA es mediante el consumo de pescado azul al menos dos veces por semana como sardinas, caballa, salmón, atún o boquerones. También existen fuentes vegetales donde destacan las nueces, las semillas de lino, chía o las algas, todos ellos con un rico contenido en ALA (ácido alfa-linolénico), aunque su conversión a EPA y DHA es más limitada (alrededor del 1 %), por lo que resultan menos eficaces como única fuente.
Suplementos de Omega-3: cuándo considerarlos
Un adulto sano debería consumir entre 250 y 500 mg diarios de EPA + DHA, aunque las necesidades pueden variar. La suplementación puede ser útil cuando la dieta no cubre los requerimientos o existe factor de riesgo cardiovascular o inflamatorio.
Al elegir un suplemento conviene fijarse en:
- Contenido real de EPA y DHA por dosis
- Forma química: triglicéridos o fosfolípidos (como el krill) ofrecen mejor biodisponibilidad
- Certificaciones de pureza que garanticen ausencia de metales pesados
- Consumo junto a grasas saludables para optimizar la absorción
Reunir estas características en un producto de calidad, claramente influye en el precio, pero también en la eficacia real del producto y en la capacidad del organismo para aprovechar sus beneficios.

Recuerda que los Omega-3 presentan un alto grado de tolerancia, pero pueden requerir una valoración profesional en caso de trastornos hepáticos, renales o de coagulación, durante el embarazo y la lactancia, o en personas con alergia al pescado, en cuyo caso, se pueden considerar las alternativas de origen vegetal.
Un gesto de amor que se sostiene en el tiempo
Cuidar el corazón no es un acto puntual ni una tendencia pasajera. Integrar los Omega-3 en una rutina equilibrada, junto a hábitos saludables, contribuye a sostener el engranaje silencioso que mantiene la vida en marcha. No es un ingrediente milagro, pero sí una pieza esencial en la longevidad celular, la salud cardiovascular y el equilibrio de la piel.
Quieres saber +? | Aqui tienes el artículo de la revista HOLA que incluye las declaraciones de Lucía Altozano, titular de la dermofarmacia Skinpharmacy Jorge Juan 34, especializada en dermofarmacia y nutracéuticos para el apoyo de la longevidad celular. «Ni estrés ni cansancio: 5 señales que indican que te falta omega 3″
